Producir lo que se compra afuera: el ensayo productivo que Santa Cruz puso en marcha en Río Gallegos
El gobierno de Claudio Vidal busca convertir un predio atravesado por denuncias sobre el pasado en una vidriera de su modelo productivo. La apuesta de Santa Cruz Puede es cerrar el círculo entre producción, trabajo y consumo local. La escala todavía es chica y el desafío, bastante más grande: achicar la dependencia de lo que llega desde afuera.
¿Por qué una provincia que genera recursos para el país y el mundo todavía compra afuera buena parte de lo que consume?
Claudio Vidal volvió sobre esa idea este martes, durante la jornada Santa Cruz Produce, pero esta vez eligió mostrar una respuesta.
El escenario fue el Polo Industrial y Comercial de Santa Cruz Puede, sobre la Ruta Nacional 3, en Río Gallegos. Un predio que el Gobierno busca convertir en una suerte de laboratorio de su política productiva y que, además, tiene una carga política propia, porque la gestión provincial lo presenta como uno de los símbolos de lo que recibió y decidió reconvertir.
“¿Por qué todo tiene que ser de afuera si nosotros tenemos la capacidad necesaria y la voluntad de poder producir?”, planteó el gobernador.
Una lechuga y una discusión bastante más grande
Uno de los proyectos que empezó a funcionar allí es el sistema de producción hidropónica.
En una provincia donde el clima impone límites bastante concretos a la agricultura, la tecnología permite cultivar sin suelo y mantener producción durante todo el año en ambientes controlados.
La novedad, sin embargo, no está solamente en cómo se cultiva.
Integrantes de la Cooperativa Keoken y del grupo Madres en la Lucha fueron capacitadas en germinación, cultivo, detección de hongos, soluciones nutritivas y manipulación de alimentos. Parte de ellas quedará a cargo de producir verduras en los nuevos invernaderos.
Ahí aparece una de las claves del modelo que intenta instalar Santa Cruz Puede: producir, pero también generar trabajo alrededor de esa producción.
El objetivo es obtener lechuga, acelga, albahaca, perejil y otras verduras que forman parte del consumo cotidiano de los santacruceños y que, todavía, llegan mayoritariamente desde otros puntos del país.
No van a cambiar por sí solas la matriz productiva provincial.
Pero permiten poner sobre la mesa una discusión que durante décadas quedó relegada frente al peso del petróleo, el gas, la minería y la pesca: cuánto de lo que consume Santa Cruz puede producir Santa Cruz.
Hacer circular lo producido
El circuito tiene otra particularidad.
Lo que sale de la producción del Polo busca encontrar allí mismo un lugar de consumo.
El Bodegón Alma comenzó a funcionar en el ingreso al predio con capacidad para unas 150 personas. Será comedor para los trabajadores, estará abierto al público y pretende captar también a quienes circulan por ese tramo de la Ruta 3.
“La mayoría de lo que ustedes ven acá, salvo el pan por ahora, es producto de Santa Cruz Puede”, explicó el presidente de la empresa estatal, Gustavo Sívori.
Detrás de esa frase aparece una idea bastante más ambiciosa que la apertura de un restaurante.
Que algo se produzca en Santa Cruz, se procese en Santa Cruz y encuentre consumidores en Santa Cruz.
El Gobierno intenta repetir esa lógica en otras actividades.
Santa Cruz Puede ya trabaja en la fabricación de puertas, muebles, varillas para el sector rural y viviendas modulares. En Gobernador Gregores se instaló una planta de pelletizado y en El Calafate se desarrollaron experiencias con avena, cebada, trigo y arveja.
Ahora se prepara para incorporar otro eslabón.
Sívori adelantó que en los próximos días se instalará AMA, una fábrica de aceites que prevé generar alrededor de 75 puestos de trabajo. Vidal anunció además el próximo inicio de la construcción de una planta de alimento balanceado.
“Es la primera en su historia: alimento balanceado producido en Santa Cruz, con manos santacruceñas”, sostuvo.
La apuesta vuelve siempre al mismo lugar: que una mayor parte del recorrido entre la materia prima y el producto terminado quede dentro de la provincia.
El pasado también juega
El lugar elegido para mostrar ese modelo no es políticamente neutro.
Vidal aprovechó la jornada para volver a cargar contra las administraciones anteriores y presentar la recuperación del predio como parte del contraste que su gobierno busca instalar con el kirchnerismo.
“Cuando nos hicimos cargo de este lugar, era un lugar totalmente abandonado y el claro ejemplo de corrupción y de todo lo que estaba mal a nivel país”, afirmó.
Según sostuvo, encontraron documentación correspondiente a obras pagadas que no habían sido realizadas o permanecían inconclusas.
“Cuando tomamos la firme decisión de reconstruir este lugar que fue un símbolo de la corrupción, entendimos que la forma de mostrar nuevamente esto era con trabajo, con producción”, agregó.
La definición más concreta llegó después: “La SAU no se cierra”.
Es una frase que busca clausurar una discusión política, pero abre otra bastante más interesante.
Porque el desafío para Santa Cruz Puede ya no pasa solamente por recuperar un predio o poner en marcha proyectos. Pasa por demostrar que esos proyectos pueden alcanzar escala, encontrar mercados y sostener puestos de trabajo en el tiempo.
La dependencia santacruceña de productos que llegan desde otros puntos del país no se modifica con un puñado de invernaderos ni con una fábrica.
Tampoco empieza necesariamente con una gran industria.
A veces comienza con algo bastante más sencillo: preguntarse por qué una lechuga tiene que recorrer miles de kilómetros para llegar a una mesa santacruceña si existe la posibilidad de producirla acá.
La pregunta ya está planteada. Santa Cruz Puede ahora tendrá que demostrar hasta dónde puede llevar la respuesta.



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